La Biblia es la única infalible e inspirada Palabra de Dios.

Hay un solo Dios verdadero, que existe eternamente en tres personas: Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo.                          

 En la deidad de nuestro Señor Jesucristo, en Su virginal nacimiento, en Su vida sin pecado, en Sus milagros, en Su expiación y muerte, en Su resurrección corporal, en Su ascenso a la diestra del Padre, en Su futuro retorno a la tierra en poder y gloria para gobernar por mil años.

En el inminente retorno de Cristo para superar a los creyentes. 

En la caída y pecado del hombre y que los únicos medios de poder ser lavados del pecado es a través del arrepentimiento y fe en la redentora sangre de Cristo. 


La regeneración por el Espíritu Santo es absolutamente esencial para la salvación personal.  

La sanidad divina esta disponible a través del trabajo redentor de Cristo en la cruz. 

El Bautismo del Espíritu Santo, según Hechos 2:4, es dado a los creyentes que lo piden.

 

El Espíritu Santo en la vida de una persona es evidenciado por cambios en su vida, incluyendo un amor renovado por Dios y la gente, un compromiso con las Sagradas Escrituras, y una vida en santidad. El espíritu que llenó al creyente le da la capacidad de hablar en nuevas lenguas, si él o ella deciden ejercitar este don.

 

La Iglesia de Jesucristo es el cuerpo universal de creyentes de cada tribu, lengua, familia y raza, y es morada por Dios a través del Espíritu Santo y divinamente autorizado para cumplir con el ministerio y su Gran Comisión en la tierra.

 

En el poder santificador del Espíritu Santo que mora en los cristianos y les permite vivir una vida en santidad.

 

En la resurrección y el juicio final de ambos, los salvos y los perdidos, los salvos para la vida eterna y los perdidos para la condenación eterna.

 

En los nuevos cielos y la nueva tierra, y la santa Jerusalén, la ciudad de Dios, descendiendo del cielo y llena de la gloria de Dios.

 

El crecimiento cristiano solo puede ser alcanzado por la fe en las promesas de Dios.

 

El matrimonio es ordenado por Dios. “Él los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne". (Mateo 19:4-5). El matrimonio es una relación exclusiva, una unión de fidelidad para toda la vida entre un hombre y una mujer. Esta relación entre un esposo y su esposa debería ser paralela a la relación entre Cristo y la Iglesia. (Efesios 5:23-30).

Practicamos dos ordenanzas: (1) Bautismos en agua por inmersión después de arrepentirse de sus pecados y de recibir el don de la salvación. Y, (2) La Santa Comunión (la Cena del Señor) como recuerdo simbólico del sufrimiento y la muerte de Cristo por nuestra salvación.

 

 

 

 

 

 

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